Estar en clase no siempre significa estar aprendiendo...

Hola de nuevo!😊

Hoy estoy creativa y he decidido publicaros otra entrada, pero no es una entrada cualquiera, me parece muy especial e importante.

Después de la charla sobre educación inclusiva que recibí hace unas semanas, me quedé pensando en algo que no se dice tanto.

En teoría, todo suena muy bien. Nos hablan de inclusión, de que todos los alumnos tienen que estar en el aula, de respetar los ritmos… pero luego me pregunto: ¿Qué pasa realmente con un alumno que tiene dificultades de aprendizaje? 

Dedicaré una entrada para los alumnos con necesidades educativas especiales como TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) o TEA (Trastorno del Espectro Autista) entre otros, pero hoy voy a hablar de forma general.

Me imagino a ese niño en clase. No sigue el mismo ritmo que los demás, necesita que le expliquen las cosas de otra forma, más despacio, con más apoyo. El profesor o la profesora seguramente quiere ayudarle, pero no siempre puede o tiene los recursos necesarios. Tiene muchos alumnos, poco tiempo y un temario que avanzar e intentar acabar.

Y entonces pasa algo que creo que es más común de lo que pensamos: el alumno está en el aula, pero no siempre está aprendiendo como debería.



Se habla mucho del Diseño Universal para el Aprendizaje  (DUA), de adaptar la enseñanza para todos. Y es verdad que suena muy bien, pero llevarlo a la práctica no es tan fácil. No todos los profesores tienen los recursos, ni el tiempo, ni la formación suficiente para hacerlo como realmente se necesita.

También pensamos que con leyes como la LOMLOE, que es la ley actual que sigue la educación, ya está todo solucionado, pero no es así. Una ley no hace que, de repente, todos los alumnos estén bien atendidos. La realidad del aula es mucho más compleja y diferente.

Creo que una de las mayores dificultades es que hablamos de inclusión, pero a veces el alumno sigue sintiéndose diferente. A lo mejor tiene que salir del aula para recibir apoyo, o no entiende lo que se está dando, o simplemente siente que va por detrás. Esto además provoca frustración en los alumnos y que se sientan inferiores, afectando directamente en su autoestima 

Y eso, aunque no siempre se vea, también afecta.

La charla me hizo darme cuenta de que la educación inclusiva no es solo algo bonito que estudiar, sino algo difícil de llevar a cabo. Requiere mucho más de lo que parece: tiempo, esfuerzo, coordinación… y también mucha paciencia. Dedicaré una entrada para los alumnos con necesidades educativas especiales como TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) o TEA (Trastorno del Espectro Autista) entre otros, pero hoy voy a hablar de forma general, ya que esta charla iba sobre un colegio con alumnos que tienen Síndrome de Down. 

Como futura docente, esto me hace pensar que no basta con querer hacerlo bien. Hay que ser consciente de estas situaciones, porque van a estar ahí. Y aunque no siempre podamos hacerlo perfecto, al menos intentar que ese alumno no se sienta fuera dentro del aula.

Porque al final, incluir no es solo estar, es sentirse parte de una comunidad.

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